Lo Curioso de Ser un Guiri Españolizado

Volví a Inglaterra en 2011 después de 13 años en España, durante los cuales viví temporadas en Yecla, Almería, Mallorca, y Aguadulce.

Debido a eso, mis amigos ingleses todavía me llaman “Spanish Matty”, un nombre que me resulta irónico porque mis amigos españoles me llaman “Matthew, el guiri”.

Estos apodos no me molestan en absoluto. Con mi piel pálido y pelo rubio y rizado, está claro que soy guiri (pero quiero decir bien claro que NUNCA he llevado sandalias con los calcetines puestos debajo). Y, después de 13 años en España, hay muchos aspectos de mi carácter que han sido españolizados. people-at-a-funeral-104302974-5a557655f1300a0037f1f503

La primera vez que me enamoré profundamente fue de una andaluza. Mis hijos nacieron en hospitales españoles y tienen nombres españoles (Inés y Francisco). Saque el carnet de conducir en España. Compré una casa en España y firmé una hipoteca española. Y la primera vez que perdí un ser querido fue en España.

He pensado en esta última experiencia mucho recientemente. Perdí mi padre en febrero; seis semanas después, se murió mi madre.

En España, el tiempo entre la muerte y el entierro es muy cortado – el ser querido pasa al “otro lado”, la familia y amigos se reúnen en el tanatorio y esperan juntos el entierro. En Inglaterra el proceso es totalmente diferente: pueden pasar unas tres o cuatro semanas entre la muerte y el entierro.

La costumbre española me parece mucho mejor – más humana, más respetuosa, y mucho menos estresante.

La muerte de un padre o una madre ya es lo bastante difícil de procesar. Pero tener que revivir todas estas emociones otra vez semanas después – y delante de docenas de personas – es un puto suplicio: todas las cicatrices se abren de nuevo y el dolor resurge con una fuerza inaguantable.

No fui al entierro de mi padre. No pude; estaba demasiado enfadado. Me quedé en casa, destrocé dos guitarras y mi ordenador, y luego lloré hasta que dormí. La semana después, discutí con mi novia y rompimos de tal manera que no hay posibilidad de una reconciliación. Es curioso como el dolor provoca más dolor, las lágrimas más lágrimas, la rabia más rabia . . .

Como puedes imaginar, después de tal huracán de emociones negativas, me encuentro en un periodo de reflexión profunda. Soy una persona muy solitaria por naturaleza – da me un cuaderno y un boli y estoy en la puta gloria, creando escenas y personajes para mis novelas – pero hay una parte de mí, esa parte españolizada, que pregunta si habría reaccionado de tal manera tan autodestructiva si mis padres hubiesen muerto en España y recibido un entierro rápido y digno.

Advertisements